IA

 A Totoro, el pequeñín,

la huesuda vio pasar,
con su pelito brillante
y su paso de general.

“Ven acá, diminuto héroe,
que tu hora ya llegó”,
dijo la flaca riendo
mientras él le gruñó.

Pero Totoro, astuto y vivo,
corrió con gran decisión,
la muerte quedó mareada
¡por tanta persecución!

Al final dijo la Catrina:
“Contigo no puedo, perro feroz,
regresa a tu dulce casa,
que otro día vengo por vos.”

Y Totoro, muy orgulloso,
ladró con puro fervor:
“Ni hoy, ni nunca, calaquita,
¡yo mando en mi corazón!”                                             




0 comentarios:

Publicar un comentario